Almeria Teatre, una de las salas con más encanto del panorama artístico barcelonés y que está a punto de cumplir diez años, tiene una máquina de palomitas. Es decir, que el público puede comer mientras disfruta de la interpretación de los actores. Este detalle, que puede parecer una simple anécdota, en realidad simboliza toda una filosofía teatral que se ha ganado el favor de los espectadores a lo largo de una de las décadas más difíciles para la dramaturgia del país.

El local, que antiguamente había sido un bingo y, si nos remontamos todavía más atrás, en los 60, ya había sido un teatro perteneciente a la Casa de Almería, focaliza sus esfuerzos en que los espectadores se sientan como en casa.

El artífice de este pequeño triunfo teatral es Víctor Álvaro, actor, dramaturgo, director de teatro, taquillero, jefe de sala y todo aquello que tenga que ver con la vida delante y detrás del telón. Su proyecto empezó hace veinte años, cuando dirigió una obra de Lorca y, de este modo, nació la compañía Gataro. Almeria Teatre tenía que ser la sala en la que exhibir las piezas teatrales de este grupo, pero el proyecto ha ido mucho más allá.

–   ¿Qué conserva el actual Almeria Teatre de aquella Casa de Almería sobre la cual se erigió?

–   Las propuestas iniciales para adaptar el teatro a la normativa actual destruían la estructura original de la sala, o sea que batallé mucho con el arquitecto para que la conservara. También hemos recuperado la bóveda catalana. Nuestra filosofía no pasaba por abrir un nuevo teatro, sino por recuperar un teatro para la ciudad. Pensábamos que esto sería un valor añadido y que desde las instituciones se produciría un apoyo que no ha existido excepto en casos puntuales.

–   ¿La falta de apoyo es un problema de las salas pequeñas o del teatro en general?

–   De la cultura, yo diría. Además, el teatro y la danza están considerados como un elemento de ocio y no como un valor fundamental para crear ciudadanos con opinión propia.

–   ¿Qué balance haces de los diez años de Almeria Teatre?

–   Cuando miro atrás, pienso que ya podría cerrar mañana porque he podido hacer el teatro que quería hacer y me he relacionado con las compañías y los espectadores de la forma que yo pretendía. No es que quiera cerrar, pero sí que me siento satisfecho con el trabajo realizado. Si no hemos llegado al número de espectadores que esperaba, es porque hemos vivido una de las peores épocas que ha habido para el teatro. Empezamos en 2008, cuando estalló la crisis, y sufrimos el IVA cultural, que se triplicó y pasó del 7% al 21%. Esto tendría que ser un delito. Nosotros podemos estar contentos, ya que todavía funcionamos, pero muchas empresas culturales han tenido que cerrar.

–   ¿Cuál ha sido el secreto para sobrevivir?

–   Por un lado, debemos de tener un ángel de la guarda que nos ha echado una mano cuando pensábamos que no saldríamos adelante. Por otro lado, creo que ser pequeño te da agilidad. Y si sabes aprovechar esto, tienes ventaja. Por ejemplo, una vez me encontraba en Quebec escribiendo la obra Bienvenida Mrs. Merkel para representarla en el teatro y me llamó Benet y Jornet para preguntarme si podían estrenar en nuestra casa una obra que estaba prevista para la Sala Beckett. Evidentemente, ¡nos adaptamos y lo hicimos! Hice la escenografía, la iluminación, la ayudantía de dirección con Xavier Albertí… ¡Fue una gran oportunidad!

Además, creo que, si algo me gusta a mí, a alguien más le gustará, porque no tengo un gusto tan exquisito ni refinado. Además, no sé distinguir por géneros. Me suelto y hago lo que creo que tengo que hacer para comunicar, ya sea teatro de gesto, musicales, máscaras, ópera, danza…

–   A nivel de programación, ¿cuál es el balance de estos diez años?

–   Estoy muy contento. Ya en la primera temporada estrenamos Pegados, de Ferran González i Alícia Serrat, que entonces nadie quería programar y ahora se está haciendo en todo el mundo. Llibert, de Gemma Brió, tampoco encontraba a nadie que lo acogiera y vino a Almeria Teatre. Obtuvo un éxito rotundo. Otro ejemplo: esta temporada hemos recibido al Trio Les Cot con la obra París y en enero actuará en la sala Bars. Esta tendencia se ha ido repitiendo a lo largo de los años y nos indica que algo estamos haciendo bien. Nuestra voluntad, además de ser el espacio de residencia de Gataro, era ser un espacio intermedio entre las salas alternativas y los teatros más grandes para hacer de trampolín de otras compañías.

–   El proyecto artístico de Almeria Teatre se enmarca en el concepto fringe. ¿De qué se trata?

–   Fringe significa “en el límite”, al margen de modas o de la tradicional distinción entre el festival oficial y el off. Cuando abrimos Almeria Teatre, los periodistas nos consideraban una sala alternativa, pero este es un sello muy quemado que recuerda a cosas introspectivas y oscuras. No es lo que yo quería. Busco un teatro de autor a nivel de dramaturgia, de mensaje y de puesta en escena, pero con una finalidad comunicativa y de entretenimiento. Había un vacío entre las salas alternativas que pensaban en el autor y los grandes teatros que pensaban en el productor. Tenemos claro que tenemos que pensar en el público.

–   ¿Cuáles son los ejes de la temporada 2018-2019?

–   Celebramos el vigésimo aniversario de la compañía Gataro. Lo hacemos con el espectáculo Poe, el cabaret macabre, un autohomenaje basado en la obra de Dagoll Dagom en el que se pueden encontrar elementos de once espectáculos anteriores y vinculamos muchos géneros que hemos tocado a lo largo de estos años, como la danza y las máscaras. En marzo presentaremos Patufet Horror Show o la Barretina Mecànica, una gamberrada de Lluís-Anton Baulenas con música de los hermanos Joan y Pau Oliver.

Víctor Álvaro dirige ‘Poe, el cabaret macabre’, para conmemorar el vigésimo aniversario de la compañía Gataro.

Víctor Álvaro dirige ‘Poe, el cabaret macabre’, para conmemorar el vigésimo aniversario de la compañía Gataro.

–   Eres actor, productor, director, empresario, figurinista, androminista, iluminador… ¿Qué ventajas tiene tocar tantas teclas del teatro?

–   Sobre todo, el hecho de estar pisando el teatro cada día. Estando aquí, recibo muchos inputs de la gente, que se piensa que soy personal de sala o de taquilla. También descubres el punto de vista del público extranjero. Desde hace cinco años, estamos acogiendo el Jocular Theatre para hacer teatro en inglés y hemos ampliado el número de producciones en esta lengua y en francés y vasco. En Cataluña tenemos un alto nivel creativo y es una lástima que nos cerremos y nos creamos que el catalán es un idioma minoritario.

–   ¿Cómo fidelizáis a vuestro público?

–   Sin duda, que alguien venga una vez ayuda, porque después repite. Nosotros nos esforzamos para que esté como en casa. Puesto que no podemos competir en número de carteles y banderines, apostamos por la sorpresa tan pronto como el espectador entra en el teatro, así como por la comodidad. Por ejemplo, hemos mejorado la visibilidad de las gradas, a pesar de haber perdido aforo. Además, en los primeros años de Almeria Teatre recogimos el espíritu del Teatre Lliure de Fabiano Puigserver para sorprender el público con una distribución del espacio diferente en cada obra.

–   ¿Se puede sorprender tanto como director de una sala que como director de una obra de teatro?

–   Hay margen para sorprender en la medida en que no nos estemos quietos. Nos tenemos que adaptar a los nuevos tiempos sin complejos. Por ejemplo, desde el principio quise tener una máquina de palomitas en el teatro. Últimamente en muchos teatros no se come durante las funciones, pero solo tenemos que recordar el corral de comedias, donde la gente se mezclaba, comía y gritaba mientras se representaba Cervantes. Por eso, con la máquina de palomitas queremos decir: “relájate y disfruta”.

–   El teatro no es un santuario.

–   Por supuesto que no. En el momento en que alguien lo crea, no se sentirá como en casa. Por ejemplo, en Flor de nit hicimos un bis en el que los espectadores podían escoger qué dúo cantaría, así como grabar y compartir la actuación. Si el cine, los videojuegos y los libros ya no se consumen como antes, ¿por qué el teatro no tendría que encontrar nuevas maneras de relacionarse con el espectador? Evidentemente, hay que guardar respeto por quien te está explicando una historia, pero si todo se limita a situar a los espectadores en fila, callados y a oscuras, estaremos muertos, porque la gente se quedará en casa viendo Netflix.

–   Hablemos de la gestión de entradas. ¿Qué canales de venta utilizáis?

–   Principalmente 4Tickets, porque tengo una convicción muy fuerte: ¿quién mejor que tú para ofrecer las mejores entradas al mejor precio? Es absurdo que otras plataformas tengan nuestros tickets más económicos y que, además, tengamos que pagar una comisión por las ventas.

Nosotros no podemos permitirnos una producción de vídeo en TV3 ni hacer abonos, puesto que tenemos temporadas flexibles para alargar las obras que mejor funcionan. Entonces lo hacemos a la inversa: a través de 4Tickets, premiamos a los espectadores más fieles con descuentos. Por ejemplo, a alguien que ha venido a ver musicales en Almeria Teatre y se encuentra en nuestra base de datos, le podemos ofrecer una promoción muy concreta.

–   ¿Cómo conseguís las direcciones de correo?  

–   Cuando alguien compra online, y esto se da en el 80% de los casos, nos deja sus datos. 4Tickets representa el primer nexo de unión con los espectadores y nos facilita la compra con el móvil. El espectador puede acceder a la función sin tener que imprimir su entrada. Esto supone un ahorro y resulta más práctico, ya que nadie se olvida el ticket.

–   ¿Y qué hacéis para atraer a público nuevo?

–   Usamos las redes sociales. También nos ayuda mucho el hecho de acoger a otras compañías, cosa que provoca un trasvase de espectadores y hace crecer la bolsa de público. Por ejemplo, cuando el Trio Les Cot ha venido a representar París, ha acercado su público a Almeria Teatre.

–   ¿Consideras que las otras salas de teatro son vuestra competencia?

–   Imposible, somos colegas. Solo nos robaríamos espectadores si actuáramos un único día al año. Aficionarse al teatro es una cuestión de hábito. Por eso, que La Jaula de las locas funcione muy bien y esté mucho tiempo en cartelera nos beneficia a todos, puesto que le demuestra a mucha gente que puede ir al teatro y pasárselo bien. Si los espectadores se quedan con ganas de más, es posible que vean alguna otra obra de teatro en una sala diferente mientras el Tívoli no cambia de espectáculo.

–   ¿Cómo ves Almeria Teatre en 2029?

–   No sé si me veo diez años más al frente, puesto que me gusta hacer cosas diferentes. Querría, eso sí, que bajo el nombre de Almeria Teatre o de cualquier otro, siga siendo un espacio cultural. Y que el esfuerzo de estos diez años hayan servido para diez años más de cultura.

Almeria Teatre y 4Tickets ofrecen la experiencia de regalar ‘Poe, el cabaret macabre’, esta Navidad. Consulta las tarifas aquí.

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